

Considerando a mis musas detenidas...
Las puse ladeando estos sonetos de W.Shakespeare, buscando que vuelvan a liberar las agujas del reloj, aladas de eternas poesías...
Soneto LXIV
Cuando miro desfigurada por la mano inexorable del Tiempo las ricas y orgullosas suntuosidades de los monumentos de los siglos sepultos; cuando veo desplomadas las torres un tiempo altivas, y al bronce eterno esclavo de la rabia mortal.
Cuando veo al hambriento océano socavar el dominio de las playas y a la tierra firme apoderarse de la inmensidad acuosa, creciendo la ganancia con la pérdida y la pérdida con la ganancia.
Cuando considero semejante intercambio de grandezas, o a la grandeza misma, destruida, al decaer; tantas ruinas me hacen así reflexionar que vendrá el Tiempo y se llevará mi amor.
Este pensamiento es como la muerte, el cual no puede privarse de llorar, porque conserva aquello que tiene miedo de perder.
Soneto LV
Puesto que ni el bronce, ni la piedra, ni los continentes, ni el mar sin límites escapan al poder de la triste mortalidad, ¿Cómo podrá defenderse, contra su furia la belleza, cuya energía no es más resistente que una flor?
¡Oh! ¿Cómo el aliento melifluo del verano sostendría el asalto inevitable fatal de los días que te atacan, cuando las rocas inexpugnables no son bastantes fuertes, ni las puertas de acero tan robustas, ante el estrago del Tiempo?
¡Oh, terrible meditación! ¿Dónde, ¡ay!, se ocultaría la mas rica joya del Tiempo, para substraerse al deposito del Tiempo? O ¿Qué mano poderosa podrá refrenar sus ágiles pies? Y ¿Quién impedir que le sirva de despojo la belleza?
¡Oh! Nadie, a no ser que se realice ese milagro de resplandecer mi amor con brillo inmortal en la tinta negra de mis versos.
De “Obras completas de Williams Shakepeare”